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viernes, 23 de junio de 2017

Una razón para regocijarnos.

Hace un rato nomás volví de Seminario y la verdad estoy muy entusiasmada por escribir este post.

Hoy me tocó enseñar Juan 18-20 (enseñar es un decir, porque es más lo aprendo cada vez que lo que enseño ). Me enfocaré en Juan 20.

Después de ser bajado de la cruz, el cuerpo sin vida de Jesucristo fue llevado al sepulcro de José de Arimatea,
Analizamos con los alumnos cómo se pudieron haber sentido los discípulos de Jesús al ver el cuerpo sin vida de Su Señor después de haberlo visto predicar, obrar milagros, perdonar pecados; después de haber comido, caminado, interactuado con Él; después de haberlo escuchado orar a su favor.

El élder Joseph B. Wirthlin, dijo:


Burial of Jesus

 
“Pienso cuán oscuro fue aquel viernes en que levantaron a Cristo en la cruz. Aquel viernes terrible la tierra tembló y se oscureció; tormentas aterradoras azotaron la tierra. Los hombres inicuos que deseaban su muerte se regocijaron. Ahora que Jesús había muerto, era seguro que los que lo seguían se dispersarían; aquel día, los inicuos se sintieron triunfantes. Ese día el velo del templo se rasgó en dos. María Magdalena y María, la madre de Jesús, estaban abrumadas por el dolor y la desesperación. El maravilloso hombre al que habían amado y honrado pendía sin vida en la cruz. Aquel viernes, los apóstoles estaban desolados. Jesús, su Salvador, el hombre que había andado sobre el agua y levantado a los muertos, Él mismo, estaba a merced de hombres inicuos. Los apóstoles contemplaban impotentes cómo Él era vencido por Sus enemigos. Aquel viernes, el Salvador de la humanidad fue humillado, herido e injuriado. Fue un viernes lleno de pesar devastador que atormentaba las almas de quienes amaban y honraban al Hijo de Dios.“Creo que de todos los días desde el comienzo de la historia del mundo, aquel viernes fue el más tenebroso” ("El domingo llegará", Liahona,noviembre de 2006, pág. 29).


En los primeros versículos leímos que María Magdalena vió que la piedra que había sido puesta en el sepulcro había sido corrida. Pensó que se habían llevado el cuerpo de Jesucristo y corrió a decírselo a los Apóstoles (Juan 20: 1-2).
Dos de Sus discípulos (Pedro y Juan) corrieron al sepulcro y lo vieron vacío. Las vendas que habían cubierto Su cuerpo, estaban cuidadosamente enrolladas. Juan "creyó", es decir supo que Jesucristo había resucitado (Juan 20: 3-8).


Después Maria Magdalena quedo sola, llorando por Su Salvador. Fue entonces que dos ángeles le preguntaron por qué lloraba, y ella contestó que era porque se habían llevado a Jesús. Casi de inmediato se dió vuelta y vió a Jesús pero no lo reconoció al principio; creyó que era el hortelano.
Solo cuando Jesús le dijo ¡María!, fueron abiertos los ojos espirituales de ella. Su ¡Raboni! (Maestro) fue seguramente una exclamación de sorpresa y gozo.




 
  

Después de este encuentro Jesús le dijo a María Magdalena que fuese a Sus Apóstoles y les transmitiese Sus palabras : "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios." (Juan 20: 17)

Me encanta esta interaccion del Salvador con María Magdalena. A través de ella aprendemos cuan importantes somos la mujeres para el Salvador y para el Padre Celestial. Maria fue la primera a quien se le apareció Jesús después de resucitar y recibió la comisión de compartir su testimonio de Su resurrección.

Ese mismo día por la tarde, estando los discípulos reunidos a puertas cerradas "...por miedo a los judíos.." (Juan 20: 19), Jesucristo se les apareció y les mostró las marcas de sus manos y y la herida de su costado (allí donde fue atravesado con una lanza, según se registra en Juan 19: 34)





La escritura dice que al ver a Jesucristo resucitado Sus apóstoles "se regocijaron" (Juan 20: 20). Este relato no enseña una maravillosa y esperanzadora doctrina: Jesucristo venció la muerte por medio de Su resurrección y gracias a que Él resucitó, todos resucitaremos.

La muerte no es el final, solo un cambio de estado, un tiempo de separación entre nosotros y nuestros seres queridos después del cual volveremos a reunirnos. 

En la antigüedad, Job testificó: Yo sé que mi Redentor vive,y que al final se levantará sobre el polvo.Y después de deshecha esta mi piel, aún he de ver en mi carne a Dios,a quien yo veré por mí mismo; y mis ojos lo verán, y no otro..." (Job 19: 25-27). El apóstol Juan escuchó decir dede los cielos: "Y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser." (Apocalipsis 21: 4).

Cuán agradecida estoy por tener conocimiento de la doctrina de la Resurrección, y por ser parte de la única iglesia verdadera y viviente sobre la tierra, en la cual tenemos un documento como El Cristo viviente, donde Sus Apóstoles actuales testifican: “...Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! “Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre..."

¿No es ésta una gloriosa verdad al alcance de cada  persona de este hermoso planeta? ¿No es ésta razón suficiente para "regocijarnos"? ¿Ahora entienden mi entusiasmo por recordarlo y compartirlo?

domingo, 28 de mayo de 2017

¿Qué es lo que hace "virtuosa" a una mujer?

¡Hoy estoy inspirada!

Esta mañana en la clase de Sociedad de Socorro se dió la siguiente clase: "Llegar a ser un discípulo de nuestro Señor Jesucristo".

En un momento se leyó que hay que "...añadir a vuestra fe, virtud..." y surgió la pregunta de que si la virtud es exclusiva de las mujeres jóvenes y solteras o pueden aspirar a ellas las mujeres en general.

Mientras las hermanas compartían sus opiniones, vino a mi mente lo que define a una mujer virtuosa (Aclaro: no toda la escritura vino a mi mente, solo algunas palabras pero fueron suficientes para que las buscase más tarde, en casa):
"Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su valor sobrepasa grandemente al de las piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado,
y no carecerá de ganancias.
Le da ella bien y no mal
todos los días de su vida.
Busca lana y lino,
y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como nave de mercader
que trae su pan desde lejos.
Se levanta siendo aún de noche
y da comida a su familia
y tarea a sus criadas.
Considera un campo y lo compra;
planta viña del fruto de sus manos.
Ciñe de fuerza sus lomos
y fortalece sus brazos.
Ve que va bien su ganancia;
su lámpara no se apaga de noche.
Aplica sus manos a la rueca,
y sus dedos toman el huso.
Extiende su mano al pobre,
y tiende sus manos al menesteroso.
No teme por su familia cuando nieva,
porque toda su familia está vestida de ropas dobles.
Ella se hace tapices;
de lino fino y de púrpura es su vestido.
Conocido es su marido en las puertas de la ciudad
cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
Hace ropa de lino y la vende,
y entrega cintos al mercader.
Fuerza y honor son su vestidura,
y se ríe de lo por venir.
Abre su boca con sabiduría,
y la ley de la clemencia está en su lengua.
Considera la marcha de su casa
y no come el pan de balde.
Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada,
y su marido también la alaba.
Muchas mujeres han hecho el bien,
mas tú las sobrepasas a todas." (Proverbios 31: 10-29)
En el mismo discurso mencionado más arriba se aclara que "...Esa virtud es más que pureza sexual. Es un estado de limpieza y santidad en la mente y el cuerpo..."

En las escrituras, hay muchos ejemplos de mujeres virtuosas.Yo cito solo algunos: 

-Rut, de quién Booz dijo: "...toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa." (Rut 3: 11). Rut fue una conversa.
-Ester, que declaró: "Yo también ayunaré con mis doncellas igualmente, y así entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." Gracias a su determinación, su valor y su fe todo un pueblo, su pueblo, se salvó de la muerte.
-María y Marta, de Betania. La primera "...sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra." (Lucas 10: 39) Ella había "...escogido la buena parte, la cual no le será quitada." La segunda testificó de Jesucristo al decir: "Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo." (Juan 11:27).
Incluso, la mujer hallada en adulterio, a quien Jesucristo le dijo "Vete, y no peques más" (Juan 8:11), tuvo la oportunidad de experimentar la virtud en su vida.

En conclusión: la virtud no es exclusiva de las jóvenes solteras sino que incluye a TODAS las mujeres que hacen con Él el convenio de "servirle y guardar sus mandamientos, para que él derrame su Espíritu más abundantemente sobre ellas" (Mosiah 18: 10) y se esfuerzan, día a día, por llegar a ser Sus discípulas. 





Éste maravilloso regalo que nos dió Nuestro Señor Jesucristo, gracias a Su sacrificio expiatorio, las incluye a ustedes, mujeres que leen éste post... Me incluye a mí.
Les dejo el siguiente video que da más luz en cuanto a lo que hace "virtuosa" a una mujer:



lunes, 27 de febrero de 2017

Tengo gozo en mi alma hoy...


Esta mañana, fuí con mis hijos a la capilla. Como siempre, nos llevó mi esposo.

En la clase de Sociedad de Socorro se leyó "Ven, sígueme", practicando el amor y el servicio cristiano, de la Liahona de Noviembre de 2016, y en Doctrina del Evangelio aprendimos sobre "...la única Iglesia verdadera y viviente".

Durante la Reunión Sacramental, me dieron 15 minutos y dí un discurso sobre Seminario, que empieza el 7 de marzo (soy la maestra así que estoy ansiosa y feliz por volver a enseñar).

A la tarde, mientras iba viajando con mi esposo y mis hijos a la casa de mis suegros (desde donde estoy escribiendo este post), pude sentir el amor que el Padre Celestial tiene por mí. Con el corazón rebosando de gozo y gratitud, fui escribiendo en la aplicación Notas de mi celular las cosas por las que le estoy agradecida y son las que transcribo a continuación.

Estoy agradecida con mi Padre Celestial por:

-tener mi propia familia (esposo e hijos, a quienes amo);
-haber nacido de buenos padres (con sus fallas y virtudes, me dieron lo mejor que pudieron);
-la Tierra y las maravillas de Su Creación;
-haber tenido la posibilidad de haber ido al colegio y terminado mis estudios (Primaria y Secundaria);
-los verdaderos amigos;
-el servicio que otros hermanos y hermanas me han brindado;
-haber encontrado la Iglesia verdadera, después de mucho buscar, y haberme bautizado en ella;
-las respuestas del Señor a mis oraciones;
-porque mis pecados fueron perdonados y pude iniciar una vida espiritual nueva, desde cero;
-porque puedo ver, escuchar, oler, sentir;
-porque en estos últimos días pude acompañar virtualmente y en persona a amigas que estaban pasando por momentos difíciles.

En las Escrituras, aprendemos:
"...y que vivieseis cada día en acción de gracias por las muchas misericordias y bendiciones que él confiere sobre vosotros." (Alma 34: 38)


 "Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios; y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día." (Alma 37: 37)

En un discurso el presidente Faust, dijo:
“Un corazón agradecido es el principio de la grandeza. Es un expresión de humildad. Es el fundamento para que se desarrollen virtudes como la oración, la fe la valentía, la alegría, la felicidad, el amor y el bienestar.” (La gratitud: Un principio salvador).

Éste himno refleja cómo me sentí esta tarde mientras reflexionaba en las cosas por las que le estoy agradecida al Señor:



Y ustedes ¿por qué cosas les están agradecidos/as al Padre Celestial?

jueves, 16 de febrero de 2017

¿Qué hago cuando no sé qué hacer?

Estoy llena de debilidades. Me da la impresión de que antes de bautizarme en la Iglesia, ni las notaba pero desde que soy miembro de la Iglesia ¡esas debilidades parecen haberse multiplicado!

Con el tiempo entendí que:
"y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidadDoy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos." (Éter 12:27, Libro de Mormón)
Tengo varios cuadernos y he dividido cada uno de ellos en dos o tres partes. Cada parte está dedicada a una meta que me puse. Cada meta está relacionada con una debilidad que quiero vencer. Oro, ayuno y leo las Escrituras. El Señor me responde, me da instrucción y  me esfuerzo por hacer lo que me manda. Anoto mi progreso en cada una de las metas. 
Hoy,  he podido hacer algo que el Espíritu me había indicado hacer hace un par de días y me estaba costando llevar a la practica: pedir perdón. Muchas veces creemos que  somos nosotros los ofendidos y que es a nosotros a los que nos deben una disculpa. Y no nos damos cuenta de que, en realidad, fuimos los ofensores.

En palabras del presidente Dieter F Utchdorf:
"(...)Imagino que toda persona sobre la tierra ha sido afectada de algún modo por el espíritu destructivo de la contención, el resentimiento y la venganza. Quizás haya ocasiones en las que reconozcamos ese espíritu en nosotros mismos. Cuando nos sentimos heridos, enojados o llenos de envidia, es muy fácil juzgar a otras personas y a menudo achacarles a sus acciones motivaciones tenebrosas a fin de justificar nuestros propios sentimientos de rencor.
(...)Jesús enseñó: “…debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona… queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado” (Doctrina y Convenios 64:9), y “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7).
Naturalmente, esas palabras parecen perfectamente lógicas… cuando se aplican a otra persona. Cuando los demás juzgan y guardan rencor, vemos muy clara y fácilmente los resultados dañinos que eso produce; y por cierto, no nos gusta que la gente nos juzgue a nosotros.
Pero cuando se trata de nuestros propios prejuicios y agravios, demasiadas veces justificamos nuestro enojo como justo y nuestro juicio como fidedigno y apropiado. Aunque no podemos ver el corazón de los demás, suponemos que podemos reconocer una motivación maliciosa o incluso a una mala persona en cuanto los vemos. Cuando se trata de nuestra propia amargura, hacemos excepciones porque pensamos que, en nuestro caso, tenemos toda la información necesaria para considerar a alguien con desdén.
(...) Este tema de juzgar a los demás en realidad podría enseñarse con un sermón de tres palabras. Cuando se trate de odiar, chismear, ignorar, ridiculizar, sentir rencor o el deseo de infligir daño, por favor apliquen lo siguiente:
¡Dejen de hacerlo!" (Encontrarán el discurso completo aquí).
Estoy muy agradecida porque pese a mis debilidades sé que mi Padre Celestial me conoce, me ama y quiere que triunfe y progrese. Y porque  Su obra y Su  gloria es "Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre" (Moisés 1:39) es que le da a  una de Sus hijas imperfectas "...línea por líneaprecepto por precepto..." (2 Nefi 28:30). Y yo debo hacer mi parte.

Leer las Escrituras, leer o ver los discursos de la Conferencia General, ayunar, orar. Esas son cosas que hago cuando no sé que hacer, cuando mi vida está tomando un rumbo que no me gusta.
Es maravilloso, gratificante, reconfortante saber que si le entrego al Señor  las riendas de mi vida, puedo llegar a tener el poder de  hacer, decir y ser lo que Él me mande (Himno 175).

El siguiente discurso me ayudó mucho a saber qué hacer, también:






¿Qué debilidades sientes que debes vencer? ¿Que harás para vencerlas? En este post te dejé algunas pautas. ¿Las pondrás en práctica?


martes, 10 de enero de 2017

¿Por qué confiar en el Señor y no en nuestro propio juicio?

Hoy, sentí la inspiración de buscar escrituras relacionadas con el tener confianza en el Señor.

A continuación comparto algunas de las Escrituras que más tocaron mi corazón y las impresiones que venían a mi mente, a medida que iba leyendo (sí, al escudriñar las Escrituras hay que tener a mano un cuaderno y lápiz o birome para anotar nuestros pensamientos y sentimientos. Recuerden que podemos estar recibiendo revelación y si no queda registrado, luego podemos olvidarnos):

"Porque he aquí, soy yo el que hablo; he aquí, soy la luz que brilla en las tinieblas, y por mi poder te doy estas palabras.
Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente, a andar humildemente, a juzgar con rectitud; y este es mi Espíritu.De cierto, de cierto te digo: Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo" (Doctrina y Convenios 11: 11-13)


"He aquí, aunque él me matare, en él confiaré... y él también será mi salvación..." (Job 13: 15-16)


"Confía en Jehová con todo tu corazón,y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,y él enderezará tus veredas." (Proverbios 3: 5-6)



Al leer estas escrituras , llegamos a la conclusión de que la confianza tiene mucho que ver con la FE.  En la Guía para el Estudio de las Escrituras (ese "diccionario" que encontramos en todo ejemplar de las Escrituras  de la Iglesia) leemos que la Confianza significa:

Tener una certeza, creencia, seguridad o fe en algo, sobre todo en Dios y en Jesucristo. Esperanza firme o seguridad que se tiene en una persona o cosa. En el sentido espiritual, confiar significa también depender absolutamente de Dios y de Su Espíritu.

 Las siguientes escrituras corroboran que la confianza es inseparable de la fe:

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." (Hebreos 11:1)


"La fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas." (Alma 32: 21)

Resumiendo, debemos confiar en el Señor de una manera tal que aunque las cosas no sean fáciles de sobrellevar en nuestra vida o parezcan que no tienen solución, si las dejamos en manos del Señor tendremos la certeza de que todo mejorará.

El Señor contesta oraciones y obra milagros según la fe que uno ejerza. 

Quizás se estén diciendo, como el joven rico al que el Señor le dijo que guardase los mandamientos: "todo esto lo he guardado desde mi juventud". Sin embargo no sienten que el Señor conteste sus oraciones ni las cosas mejoren en sus vidas. 

La respuesta la podemos hallar, una vez más, en las Escrituras:

"... el Señor tiene poder de hacer todas las cosas según su voluntad, para los hijos de los hombres, si es que ejercen la fe en él..." (1 Nefi 7: 12). Es decir, Él contesta oraciones y obra milagros según la fe que uno ejerza. Cuando eso no sucede, es porque no era el propósito de Dios.

Todo me ha ido mucho mejor cuando he depositado mi confianza en el Señor en vez de en "mi propia prudencia". Las cosas salieron mejor, los problemas se solucionaron,las preocupaciones desaparecieron... Definitivamente, puedo decir que Él puso todo en su debido lugar, que "enderezó mis veredas".

¿Han gozado ustedes de las bendiciones prometidas (gozo, entendimiento, la compañía de Su Espíritu, protección, guía) a los que confían en el Señor? ¿Qué harán para gozar de esas bendiciones?


viernes, 6 de enero de 2017

Leer las Escrituras: un hábito en el que debemos "deleitarnos"

En mi experiencia personal, la lectura de las Escrituras no estaba entre mis prioridades. Resulta paradójico que, aunque no ocupaba un lugar significativo en mi vida, consideraba a la Biblia tan sagrada que ni siquiera la abría. Eso sí, la dejaba en mi mesita de luz y solo leía unos pocos versículos para apaciguar algunos temores. 

Todo eso cambió después de bautizarme en la Iglesia y poco a poco aprendí a leer, a descubrir y a meditar en las Escrituras. Además de la Biblia, en la Iglesia de Jesucristo de  los Santos de los Últimos Días, consideramos Escrituras sagradas al Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio.

Para más información sobre el Libro de Mormón, ingresa aquí: https://www.mormon.org/spa/libro-de-mormon.

Para más información sobre Doctrina y Convenios, ingresa aquí: https://losmormones.org/doctrina_y_convenios.

Para mas información de La Perla de Gran Precio, ingresa aquí: https://religionmormona.com/creencias-mormonas/libros-de.../la-perla-de-gran-precio

La lectura de las Escrituras paso a ser un hábito en mi vida. Cuando mi hijo mayor era pequeño, leía las escrituras por las mañanas, después  de dejarlo en el colegio. Esa costumbre la conservo todavía, con mi hijo menor. (Al momento de escribir este post mi esposo está de vacaciones así que leo las Escrituras por las tardes, cuando duerme su siesta y todo está en silencio).

Lo importante es que busquemos un momento de quietud para leer las Escrituras y meditar en ellas. Podemos leer varios capítulos, un capítulo o varios versículos a la vez, eso queda a criterio del que lee, pero debemos hacernos preguntas mientras leemos, hacer anotaciones al margen, subrayar o resaltar palabras o frases, ver notas al pie de página (las versiones de las Escrituras que usamos tienen notas al pie de página que nos remiten a otros versículos de cada uno de los libros de la Iglesia); en fin, hacer todo lo que esté a nuestro alcance para hacer de ese momento de lectura de las Escrituras un verdadero "deleite". Importante: antes de leer las Escrituras, empiecen con una oración para invitar la compañía del Espíritu Santo.





"... Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos.
He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído." (2 Nefi 4: 15-16)

"Y ahora yo, Nefi, escribo más de las palabras de Isaías, porque mi alma se deleita en sus palabras..." (2 Nefi 11:2)


Les aseguro que si estudian (nosotros le decimos escudriñar) las Escrituras de ésta manera, encontrarán respuestas a sus preguntas, guía para su vida y paz en su corazón.

Para terminar, les dejo el siguiente consejo del élder Scott: 







                                               ¡Hasta la próxima!

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Lecturas del día

En mi estudio de las Escrituras de hoy sentí la inspiración de leer dos artículos de la Iglesia. Uno es un discurso del élder Russell M. Ballard del año 2001 titulado "Doctrina de la inclusión", y el otro, llamado  "¿Son cristianos los mormones?", es uno de once ensayos publicados por la Iglesia escritos con el propósito de aclarar algunos puntos doctrinales.

Ambos son muy interesantes y vale la pena leerlos. 

El Señor enseñó:
"...buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe" (DyC 109: 7)

Acá les dejo el link del discurso del élder Ballard: 



www.lds.org/general-conference/2001/10/doctrine-of-inclusion?lang=spa

Y el link del ensayo de la Iglesia:













Revelación: una comunicación directa con los cielos.

Como cada mañana, hoy leí y estudié las Escrituras,con espíritu de oración,para recibir nutrición espiritual y recibir revelación de los cielos para saber lo que el Padre Celestial quiere para mí.

Estoy muy agradecida con mi Padre Celestial porque recibí respuesta a una preocupación que tenía.

No soy perfecta pero sé que, pese a mis imperfecciones, Él me ama y me da Su ayuda.

Una escritura vino a mi mente después de manifestarle, en oración, mi preocupación al Padre Celestial:
"Si puedes creer, al que cree todo le es posible." (Marcos 9: 23)
Ésa escritura me llevo a otras:
 "...No temas, cree solamente" (Marcos 5: 36)
"Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece" (Filipenses 4:13)
"...me gloriaré en mi Dios, porque con su fuerza puedo hacer todas las cosas..." (Alma 26:12, Libro de Mormón)
Gracias a estas escrituras mi preocupación se fue y puedo decir que todo está más calmo en mi interior y sé que podré lograr lo que el Señor me pida hacer.

Éste modelo, el de orar pidiendo guía y el de leer las escrituras, invita a la revelación. Es una comunicación sagrada entre el Señor mismo y una persona, en éste caso, yo.

Y éste modelo puede ser continuo, cada día por el resto de nuestra vida. ¿No es maravilloso? ¿No te gustaría tener éste tipo de comunicación con el Padre Celestial, sin intermediarios? ¿Conocer Su voluntad en cuanto a tu vida? ¿Recibir guía sincera y constante de Alguien que te ama más que cualquier persona, que hasta mandó a la tierra a Su Hijo Unigénito para que tus pecados fuesen perdonados, y tus enfermedades sanadas?

En Leales a la Fe (un libro de la Iglesia de Jesucristo de  los Santos de los Últimos Días) podemos leer lo que hay que hacer para prepararnos para recibir revelación: 
"Ora pidiendo guía. El Señor dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7–8). A fin de hallar y recibir, debes buscar y preguntar; si no llamas y oras a tu Padre Celestial y le pides Su guía, la puerta de la revelación no se abrirá; pero si te acercas a tu Padre en humilde oración, con el tiempo recibirás “revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna” (D. y C. 42:61).
Se reverente. La reverencia es una actitud de profundo respeto y amor. Cuando eres reverente y pacífico, atraes sobre ti la revelación. Aun cuando todo lo que te rodee esté alborotado, puedes tener una actitud reverente y estar preparado para recibir la guía del Señor.
Se humilde. La humildad está íntimamente relacionada con la reverencia. Cuando eres humilde, reconoces que dependes del Señor. El profeta Mormón enseñó: “Por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo, el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto” (Moroni 8:26).
Guarda los mandamientos. Cuando guardas los mandamientos, estás preparado para recibir, reconocer y seguir la guía del Espíritu Santo. El Señor prometió: “Mas a quien guarde mis mandamientos concederé los misterios de mi reino, y serán en él un manantial de aguas vivas que brota para vida eterna” (D. y C. 63:23).
Toma dignamente la Santa Cena. Las oraciones sacramentales nos enseñan cómo recibir la compañía constante del Espíritu Santo. Al tomar la Santa Cena, das testimonio a Dios de que estás dispuesto a tomar sobre ti el nombre de Su Hijo y de que siempre te acordarás de Él y guardarás Sus mandamientos. Nuestro Padre Celestial promete que si guardas esos convenios, siempre tendrás la compañía del Espíritu. (D. y C. 20:77, 79.)
Estudia diariamente las Escrituras. Al estudiar diligentemente las Escrituras, aprenderás de los ejemplos de hombres y mujeres cuya vida ha sido bendecida por seguir la voluntad revelada del Señor. También llegarás a ser tú mismo más receptivo al Espíritu Santo. Al leer y al meditar, tal vez recibas revelación acerca de la manera en que cierto pasaje de las Escrituras se aplique a ti o de cualquier otra cosa que el Señor desee comunicarte. Puesto que la lectura de las Escrituras te ayudará a recibir revelación personal, debes estudiarlas diariamente.
Dedica tiempo para meditar. Cuando dedicas tiempo a meditar en las verdades del Evangelio, abres la mente y el corazón a la influencia guiadora del Espíritu Santo (1 Nefi 11:1D. y C. 76:19138:1–11). La meditación aleja tus pensamientos de las cosas triviales del mundo y te acerca más al Espíritu.
Cuando busques guía específica, estudia el asunto en tu mente. A veces, la comunicación del Señor vendrá sólo después de que hayas estudiado el asunto en tu propia mente. El Señor le explicó ese proceso a Oliver Cowdery, que sirvió como escribiente de José Smith durante gran parte de la traducción del Libro de Mormón. El Señor le habló a Oliver Cowdery por intermedio del profeta José Smith y le explicó por qué Oliver no había podido traducir el Libro de Mormón aun cuando se le había dado el don de traducir: “He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme. Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien” (D. y C. 9:7–8).
Busca con paciencia la voluntad de Dios. Él se revela “en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad” (D. y C. 88:63–68). Probablemente recibas revelación “línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí” (2 Nefi 28:30;  Isaías 28:10D. y C. 98:12). No trates de forzar los asuntos espirituales. Así no es como se recibe revelación. Se paciente y confía en el tiempo del Señor.
¿Has recibido ya revelación del Señor? Si no ha sido así ¿te prepararas para recibir revelación directa de los cielos ¿Harás la prueba?

Para saber más en cuanto a la Revelación consulta:

https://www.lds.org/manual/true-to-the-faith/revelation?lang=spa