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sábado, 10 de junio de 2017

Cuando las imágenes valen más que mil palabras

En estos tiempos de caos, de ritmo vertiginoso es importante desacelerar un poco...

Hoy fui al Templo, a recargar "pilas".

Aquí les dejo un video del Templo. ¡Que lo disfruten!



lunes, 20 de marzo de 2017

Panza (y alma) llena, corazón contento.

El sábado pasado casi no estuve en casa 😄.

Por la mañana, visita al Templo. (Una de las metas que me puse para éste 2017 es asistir como mínimo una vez al mes). Pude efectuar ordenanzas por mis antepasados. Me sentí especialmente emocionada cuando pude trabajar por mi abuela paterna, a quien no conocí.

Al salir, como siempre saqué un par de fotos. Otros miembros se estaban sacando fotos, también. ¡Es maravilloso! Por más veces que hayamos ido al Templo, las fotos en los jardines, al lado de la fuente, en la entrada del Templo son infaltables. ¡Es que somos felices de ir al Templo y lo queremos registrar!

Mi sesión de fotos en el Templo:











A mi mente vinieron las siguientes palabras del presidente Thomas S. Monson: “Al tocar nosotros el templo, el templo nos tocará a nosotros”. Y de ahí la idea de las fotos.
Por la tarde, salida en familia a una Feria de Colectividades:


Benja comiendo empanadas de jamón y queso

Yo me incliné por algo dulce ésta vez... Ya era de tarde, hora de la merienda😋

No me decidía...

Baclavá en el stand de Siria.  Rico. Pero muuuuy dulce para mí.

¡Quería algo salado para neutralizar tanto dulzor! Elegí una arepa de queso colombiana

Lo que quedó de la arepa...

De yapa, pan casero... No pudimos esperar y, por poco, se acaba antes de llegar a casa.

Hermoso sábado, alimentando el espíritu... y el estómago 😉.
Los dejo con unas palabras que citó el presidente Monson alguna vez (y que reflejan lo que yo sentí que estaba haciendo al ir al Templo, primero, y luego al pasear con mi familia):
“Haz tu deber, que es lo mejor; y deja el resto en manos del Señor” 
Espero que les haya gustado el post. ¡Nos vemos en la próxima! 


sábado, 14 de enero de 2017

¿Una salida ideal para un sábado? ¡Ir al Templo!

¡Trabajo cumplido en el Templo!: ocho ordenanzas realizadas por mujeres de mi familia (entre ellas, mi abuela paterna y mi bisabuela materna), y una ordenanza para un antepasado de mi esposo (su bisabuela paterna). 



 ¡¡¡¡Wiiiii!!!!  La verdad, salí muy feliz y gratificada, como siempre que voy al Templo. 

Al Templo una va por muchas razones: para hallar respuestas, paz, guia, etc. Es verdaderamente la Casa del Señor.


Después de terminar las ordenanzas, oré para saber la voluntad de mi Padre y para agradecerle la oportunidad de acudir al Templo. (Me puse como meta ir al menos una vez al mes).


Al terminar de orar, abrí el Libro de Mormón en cualquier parte y me llamaron la atención los siguientes versículos:
"Porque yo, Nefi, me sentía constreñido a hablarles según la palabra de él; porque yo les había hablado muchas cosas, y también mi padre, antes de morir; y muchas de estas palabras están escritas sobre mis otras planchas, porque una parte con más historia está escrita sobre mis otras planchas.
Y sobre estas escribo las cosas de mi alma, y muchas de las Escrituras que están grabadas sobre las planchas de bronce. Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos.
He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído.
Sin embargo, a pesar de la gran bondad del Señor al mostrarme sus grandes y maravillosas obras, mi corazón exclama: ¡Oh, miserable hombre que soy! Sí, mi corazón se entristece a causa de mi carne. Mi alma se aflige a causa de mis iniquidades.
Me veo circundado a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian.
Y cuando deseo regocijarme, mi corazón gime a causa de mis pecados; no obstante, sé en quién he confiado.
Mi Dios ha sido mi apoyo; él me ha guiado por entre mis aflicciones en el desierto; y me ha preservado sobre las aguas del gran mar.
Me ha llenado con su amor hasta consumir mi carne.
Ha confundido a mis enemigos hasta hacerlos temblar delante de mí.
He aquí, él ha oído mi clamor durante el día, y me ha dado conocimiento en visiones durante la noche.
Y de día me he hecho osado en ferviente oración ante él; sí, he elevado mi voz a las alturas; y descendieron ángeles y me ministraron.
Y mi cuerpo ha sido conducido en las alas de su Espíritu hasta montañas muy altas; y mis ojos han visto grandes cosas, sí, demasiado grandes para el hombre; por lo tanto, se me mandó que no las escribiera.
Entonces, si he visto tan grandes cosas, si el Señor en su condescendencia para con los hijos de los hombres los ha visitado con tanta misericordia, ¿por qué ha de llorar mi corazón, y permanecer mi alma en el valle del dolor, y mi carne deshacerse, y mi fuerza desfallecer por causa de mis aflicciones?
Y, ¿por qué he de ceder al pecado a causa de mi carne? Sí, ¿y por qué sucumbiré a las tentaciones, de modo que el maligno tenga lugar en mi corazón para destruir mi paz y contristar mi alma? ¿Por qué me enojo a causa de mi enemigo?
 ¡Despierta, alma mía! No desfallezcas más en el pecado. ¡Regocíjate, oh corazón mío, y no des más lugar al enemigo de mi alma!
 No vuelvas a enojarte a causa de mis enemigos. No debilites mi fuerza por motivo de mis aflicciones.
¡Regocíjate, oh mi corazón, y clama al Señor y dile: Oh Señor, te alabaré para siempre! Sí, mi alma se regocijará en ti, mi Dios, y la roca de mi salvación.
¿Redimirás mi alma, oh Señor? ¿Me librarás de las manos de mis enemigos? ¿Harás que yo tiemble al aparecer el pecado?
¡Estén cerradas continuamente delante de mí las puertas del infierno, pues quebrantado está mi corazón y contrito mi espíritu! ¡No cierres, oh Señor, las puertas de tu justicia delante de mí, para que yo ande por la senda del apacible valle, para que me ciña al camino llano!
¡Oh Señor, envuélveme con el manto de tu justicia! ¡Prepara, oh Señor, un camino para que escape delante de mis enemigos! ¡Endereza mi sendero delante de mí! No pongas tropiezo en mi camino, antes bien despeja mis vías ante mí; y no obstruyas mi sendero, sino más bien las vías de mi enemigo.
¡Oh Señor, en ti he puesto mi confianza, y en ti confiaré para siempre! No pondré mi confianza en el brazo de la carne; porque sé que maldito es aquel que confía en el brazo de la carne. Sí, maldito es aquel que pone su confianza en el hombre, o hace de la carne su brazo.
Sí, sé que Dios dará liberalmente a quien pida. Sí, mi Dios me dará, si no pido impropiamente. Por lo tanto, elevaré hacia ti mi voz; sí, clamaré a ti, mi Dios, roca de mi rectitud. He aquí, mi voz ascenderá para siempre hacia ti, mi roca y mi Dios sempiterno. Amén." (2 Nefi 4: 14-35)
Es extensa esta escritura pero quería compartirla íntegra, porque me regocijé al leerla. En muchos aspectos, aveces, me siento como se sintió Nefi al escribir estas palabras y fue una caricia para mi alma poder leerlas en el Templo. 
Antes de regresar a casa me senté, una vez más, frente a la fuente que está en el jardín.





(¿No es verdaderamente una visión hermosa?)

Reflexioné, mientras contemplaba la fuente y escuchaba el relajante sonido de las aguas que subían y bajaban, que el Templo está lleno de simbolismos, aún en sus jardines.
Una escritura vino a mi mente:
"mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna." (Juan 4: 14)  
 Eso es precisamente lo que podemos encontrar en el Templo: "agua" que sacia nuestra sed espiritual y que nunca se agotará. 

¿Que no tienen tiempo de asistir al Templo? ¿Que demasiadas responsabilidades ocupan su tiempo? 

Les aseguro que si asignan al menos un día al mes para asistir al Templo y son constantes, el Señor recompensará sus esfuerzos. ¿Harán la prueba?

martes, 22 de noviembre de 2016

La Casa del Señor.

El sábado 19 de noviembre tuve la maravillosa oportunidad de asistir al Templo. Hice ordenanzas por mis antepasados fallecidos y salí muy feliz de allí. Me quedé un rato en los jardines, admirando la belleza que me rodeaba, mientras esperaba que mi esposo me viniese a buscar. Es indescriptible la paz que se siente en el Templo, aún en sus jardines. ¡Uno no se quiere ir más de allí!

Para los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Templo es, literalmente, la Casa del Señor. Allí vamos para ser  instruidos, fortalecidos y guiados. Es donde podemos sentir la presencia del Señor mucho mas plenamente.

"Los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son edificios especiales dedicados al Señor, donde los miembros dignos de la Iglesia van para recibir ordenanzas sagradas y para hacer convenios con Dios. Al igual que el bautismo, estos convenios y ordenanzas son necesarios para nuestra salvación y se deben efectuar en los templos del Señor.

También vamos al templo para aprender más acerca de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo. Allí también logramos un mejor entendimiento sobre nuestro propósito en la vida y sobre nuestra relación con el Padre Celestial y Jesucristo; se nos enseña acerca de la existencia preterrenal, sobre el significado de la vida terrenal y la vida después de la muerte." (Principios del Evangelio, página 260).

Acá comparto con ustedes algunos videos para que vean, escuchen y sientan un poco de lo que vemos, escuchamos y sentimos los miembros de la Iglesia cuando estamos en los jardines del Templo: