> Diario de Abish

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lunes, 23 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 3)

Últimamente me siento un poco como el rey Benjamin, "sujet[a] a toda clase de enfermedades de cuerpo y mente" (Mosíah 2: 11). Este año fue un tanto movidito y esa es otra razón por la cual alejarme de las redes, estoy segura, pondrá, otra vez, todo en su "eje".

Tengo la tendencia a ser crítica conmigo misma, a culparme por cosas que dije e hice, o que no dije ni hice en su momento, y eso es, la verdad, agotador. Mi bálsamo de Galaad lo encontré a través del discurso del élder Utchdorf que dio mi hijo, ayer, en la reunión sacramental:

 

Es sorprendente lo que podemos aprender cuando miramos un poco más de cerca el plan de salvación y exaltación de nuestro Padre Celestial, el plan de felicidad, para Sus hijos. Cuando nos sentimos insignificantes, desechados y olvidados, aprendemos que podemos estar seguros de que Dios no nos ha olvidado; de hecho, Él ofrece a todos Sus hijos algo inimaginable: llegar a ser “herederos de Dios, y coherederos con Cristo”.
(...)
"Gracias al amor perfecto que Dios tiene por nosotros y al sacrificio eterno de Jesucristo, nuestros pecados —tanto los grandes como los pequeños— pueden ser borrados y no recordarse más. Podemos presentarnos ante Él puros, dignos y santificados. 
(...)
La expiación infinita del Salvador cambia por completo la forma en que podríamos ver nuestras transgresiones e imperfecciones. En lugar de insistir en ellas y sentirnos irredimibles o sin esperanzas, podemos aprender de ellas y sentirnos esperanzados. El don purificador del arrepentimiento nos permite dejar atrás nuestros pecados y emerger como una nueva criatura.
Gracias a Jesucristo, nuestros fracasos no tienen por qué definirnos; pueden refinarnos.
Al igual que un músico que ensaya escalas, podemos ver nuestros errores, defectos y pecados como oportunidades para obtener un mayor conocimiento de nosotros mismos, un amor más profundo y honesto por los demás, y un refinamiento a través del arrepentimiento.
Si nos arrepentimos, los errores no nos descalifican; ellos forman parte de nuestro progreso.
Todos somos niños en comparación con los seres de gloria y grandeza que estamos destinados a llegar a ser. Ningún ser mortal pasa de gatear a caminar y a correr sin tropiezos, golpes y magulladuras frecuentes; así es como aprendemos.
Si seguimos practicando diligentemente, esforzándonos siempre por guardar los mandamientos de Dios y comprometiendo nuestros esfuerzos en arrepentirnos, perseverar y poner en práctica lo que aprendemos, línea por línea, recogeremos luz en nuestra alma. Y aunque tal vez ahora no comprendamos del todo nuestro potencial, “sabemos que cuando [el Salvador] aparezca” veremos Su semblante en nosotros y “le veremos tal como él es”.

Por la tarde, ya en casa, tuve la oportunidad de leer artículos de la edición física de la revista Liahona, relacionados con la ministración y con la influencia que las mujeres santos de los últimos días pueden ejercer en su esfera de acción. Ambos artículos me recordaron en qué cosas debo centrar mi atención y esfuerzos.




Como en todas las cosas buenas, Jesucristo es nuestro ejemplo perfecto. El Salvador nos guiará en nuestros esfuerzos cuando dejemos nuestro hogar —y abandonemos nuestra postura cómoda— para ministrar a quienes nos rodean como Él lo haría. Entonces, nuestra ministración llegará a ser más significativa que cualquier cosa que pudiéramos decir o hacer por nuestra cuenta. (Seguimos al Maestro de la ministración)


El presidente Russell M. Nelson enseñó que “las mujeres han sido bendecidas con una brújula moral singular” y tienen “dones y predisposiciones espirituales especiales” para percibir las necesidades humanas, consolar, enseñar y fortalecer. Nuestras comunidades dependen de que las mujeres desempeñen sus funciones singulares como líderes, maestras, cuidadoras, sanadoras y pacificadoras.
Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla. Las mareas y estaciones de nuestra biología y la universalidad de la forma en que gestamos y nutrimos a la humanidad nos conectan de manera tácita a través de las brechas culturales y las barreras lingüísticas.
(...)
¿La vida de quién pueden mejorar significativamente hoy con un acto de compasión? Les insto a que hagan una pausa por un momento y se conecten con nuestro Padre Celestial, la fuente más elevada de inspiración, y luego esperen en silencio la guía del Espíritu Santo. Les invito a que la escriban y la lleven a cabo. Espero que este sencillo ejercicio les ayude a reconocer que nuestro mayor éxito consistirá en desatar el poder de nuestra hermandad mundial. (Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla)


domingo, 22 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 2)

Como conté en el post anterior, decidí "ayunar" de las redes sociales. ¿Por qué? Últimamente, sin yo buscarlo, me estaban apareciendo en Facebook e Instagram publicaciones, desde mi punto de vista, poco edificantes. En sí mismas no eran malas (algunas sí, y me resultaba difícil desechar la sensación que me producían, salvo que orara o leyera alguna escritura o discurso) pero me estaban privando de experiencias espirituales significativas.

En lo personal, me encanta ver videos o leer otras cosas, aparte de las de la Iglesia, en mis momentos de relax pero varias veces me encontré a mí misma preguntándome que por qué malgastaba mi tiempo viendo publicaciones (vacías, superficiales, aveces) de las redes en vez de emplearlo acudiendo a las fuentes divinamente señaladas. 

Cómo expresa Stephen W. Owen, es fácil perderse cuando no se está enfocado:


"No hace mucho, al despertar, me preparé para estudiar las Escrituras. Tomé mi teléfono inteligente y me senté en una silla junto a la cama con la intención de abrir la aplicación Biblioteca del Evangelio. Desbloqueé el teléfono y estaba a punto de comenzar a estudiar cuando vi media docena de notificaciones de mensajes de texto y correos electrónicos que habían llegado durante la noche. Pensé: “Revisaré rápido estos mensajes y luego comenzaré con las Escrituras”. Bueno, dos horas después, aún seguía leyendo mensajes de texto, correos electrónicos, avances informativos y publicaciones en redes sociales. Cuando me di cuenta de la hora que era, corrí frenéticamente a prepararme para el día. Esa mañana no estudié las Escrituras y, como consecuencia, no recibí el sustento espiritual que deseaba." 


Como primer paso de mi ayuno virtual, decidí desinstalar las aplicaciones en mi celular y cerrar sesión en la pc tanto de Facebook como de Instagram.  Quizás parezca extremista pero es la mejor estrategia que encontré para evitar que mi meta fracase. Aunque no parezca, las redes sociales generan dependencia y pueden alejarnos de lo que más importa.


Ahora tendré más tiempo para retomar mis proyectos de lectura.


sábado, 21 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 1)


 

Ya cuando creía que no haría ninguna publicación en diciembre sentí la necesidad de compartir una de mis últimas metas personales, nacida de una encuesta que hicimos en Sociedad de Socorro. Pongo en contexto: los segundos y cuartos domingos de cada mes, las hermanas de la Iglesia nos reunimos para analizar algún discurso de la última Conferencia General, previamente elegido. Al finalizar, y de manera individual o como organización, establecemos una meta que el mismo discurso nos haya inspirado. En el caso de Nutran las raíces, y las ramas crecerán, este fue el resultado

 



En mi caso particular, opté por ayunar pero no de la manera "tradicional", que sería abstenerme de probar alimentos por veinticuatro horas (o lo que la salud me permita), sino de alejarme por un tiempo de las redes sociales para desconectar un poco del mundo y conectarme con el cielo. La idea ya venía rondándome en la mente pero, la verdad, me estaba costando tomar la decisión. No encontraba el momento "ideal", digamos. Las palabras del presidente Nelson en el 2018 me dieron el impulso final:

"[L]as invito a participar en un ayuno de 10 días de redes sociales y de cualquier otro medio de comunicación que les traiga pensamientos negativos e impuros a la mente. Oren para saber qué influencias eliminar durante su ayuno. El efecto de su ayuno de 10 días podría sorprenderlas. ¿Qué notan después de tomarse un descanso de las perspectivas del mundo que han ido dañando su espíritu? ¿Hay algún cambio en lo que ahora desean dedicar su tiempo y energía? ¿Han variado algunas de sus prioridades, aunque sea un poco? Les insto a anotar y a seguir cada una de las impresiones que reciban."


Sería la segunda vez que llevo a cabo esta meta pero en aquella oportunidad no registré mucho de mi progreso así que me propongo hacerlo en esta. Una segunda meta, derivada de la principal, será, entonces, escribir un post diario, hasta el 30 de diciembre, sobre mis esfuerzos por preservar mi espiritualidad y mi paz mental. ¿Será que podré?




domingo, 17 de noviembre de 2024

En días no tan "buenos"...

Hoy fue un día en el que me costó tener buen ánimo. Pese a mis esfuerzos por mantenerme positiva, antes de ir a la Iglesia, me enojé por algo que, me di cuenta después, no era tan importante. Fui a la capilla buscando respuestas y sanación. La mano y la voz del Señor se manifestaron a través de los discursos de la reunión sacramental y la clase de Escuela Dominical.

Desde el púlpito dos discursantes compartieron exactamente lo que necesitaba escuchar.

Del primer discurso extraje los siguientes fragmentos:

"Quizás a veces no se sientan como una espiga de trigo fuerte y madura. Sean pacientes con ustedes mismos. El Señor dijo que el trigo incluirá tiernas hierbas que brotan. Todos somos Sus Santos de los Últimos Días y, aunque todavía no somos todo lo que queremos ser, somos serios en nuestro deseo de ser Sus verdaderos discípulos."

 

"Sumérjanse en la vida de Jesús Primero, podemos sumergirnos más completamente en la vida de Jesús, en Sus enseñanzas, Su majestuosidad, Su poder y Su sacrificio expiatorio. El Salvador dijo: “Mirad hacia mí en todo pensamiento”. El apóstol Juan nos recuerda: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. A medida que experimentamos mejor Su amor, lo amamos todavía más y, de manera muy natural, seguimos mejor Su ejemplo de amar y cuidar a quienes tenemos a nuestro alrededor. Con cada movimiento en rectitud que hacemos hacia Él, lo vemos con más claridad. Lo adoramos y tratamos de imitarlo de maneras sencillas."

 

"Al entrar en el templo, nos liberamos por un tiempo de las influencias mundanas que se ciernen sobre nosotros mientras aprendemos acerca de nuestro propósito en la vida y los dones eternos que se nos ofrecen por medio de nuestro Salvador, Jesucristo."


"No es fácil renunciar a las prioridades y a los deseos personales. Hace muchos años, un misionero recién llegado a Inglaterra se sentía frustrado y desanimado. Escribió a casa para decir que sentía que estaba perdiendo el tiempo. Su sabio padre le respondió: “Olvídate de ti mismo y ponte a trabajar”. El joven élder Gordon B. Hinckley se arrodilló e hizo convenio con el Señor de que intentaría olvidarse de sí mismo y que se consagraría al servicio al Señor. Años más tarde, siendo ya un siervo maduro del Señor, el élder Hinckley diría: “Aquél que sólo se preocupa de sí mismo se marchita y muere, mientras que el que se olvida de sí en el servicio a los demás progresa y florece en esta vida como en la eternidad”.

"Todo esto ilustra el principio eterno de que somos más felices y nos sentimos más satisfechos cuando actuamos y servimos por lo que damos, y no por lo que recibimos."

En la escuela dominical se habló de cómo el Señor preparó a los jareditas para que atravesaran el océano y los protegió en su viaje, a pesar de lo difícil de la travesía.

"Y ocurrió que el Señor Dios hizo que soplara un viento furioso sobre la superficie de las aguas, hacia la tierra prometida; y así fueron echados de un lado a otro por el viento sobre las olas del mar. Y aconteció que muchas veces fueron sepultados en las profundidades del mar, a causa de las gigantescas olas que rompían sobre ellos, y también por las grandes y terribles tempestades causadas por la fuerza del viento. Y sucedía que, cuando eran sepultados en el abismo, no había agua que los dañara, pues sus barcos estaban ajustados como un vaso, y también estaban ajustados como el arca de Noé; por tanto, cuando los envolvían las muchas aguas, imploraban al Señor, y él los sacaba otra vez a la superficie de las aguas. Y ocurrió que el viento no dejó de soplar hacia la tierra prometida mientras estuvieron sobre las aguas; y de este modo fueron impelidos ante el viento." (Eter 6: 5-8)


De esto:

Jaredite Barges [Los barcos jareditas], por Gary Ernest Smith

Pasaron a esto, por su confianza en el Señor:

I Will Bring You Up Again out of the Depths [Yo os sacaré otra vez de las profundidades], por Jonathan Arthur Clarke


Por todas estas cosas, mi domingo, que había empezado no tan "bueno",  terminó siendo dedicado a la humildad y a la reflexión.


sábado, 16 de noviembre de 2024

Mientras tanto...


Cada cosa que me pasa en la vida,

cada cosa que no sucede,

que se dilata,

cada expectativa incumplida

es la voz de Dios, siento, diciéndome:

"Espera, hija mía.

Escucha, entiende, aprende;

no dudes, confía.

Conozco tus temores,

tu ansiosa inquietud,

tus fluctuantes emociones.

¿Los cielos parecen mudos, indiferentes?

¿La espera demasiado larga?

¿Las promesas, distantes?

No desesperes.

No retengo las bendiciones; son tuyas.

Cree solamente."



Este poema nació a modo de agradecimiento por una respuesta divina que, después de varios días, llegó.

La paciencia, según se puede leer en Predicad mi Evangelio, es la capacidad de confiar en Dios al enfrentar demoras, oposición o sufrimiento e implica aceptar con valor, gracia y fe aquello que no se puede cambiar. No se trata, claro está, de una espera pasiva, de sobrellevar las cosas con resignación sino de hacer cuanto esté a nuestro alcance mientras las respuestas y bendiciones llegan.   Es, a la vez, un atributo de Jesucristo pero no exclusivo de Él. Nosotros, como Sus discípulos, también podemos aspirar a esa virtud celestial.

A la mujer natural que todavía habita en mí le cuesta entender ciertas cosas, le cuesta esperar, calmar la "ansiosa inquietud" (Lucas 12: 29) que la domina a veces. Pero, como desarrollar la paciencia es un proceso que puede durar toda la vida, confío en los tiempos del Señor. Pase lo que pase, aunque mis expectativas no se cumplan (Suelo recrear en mi mente un escenario que no se concreta al final), estoy convencida de que mi Padre Celestial sabe lo que es mejor en cada circunstancia de mi vida y las respuestas, las bendiciones llegan cuando tienen que llegar y no antes ni después.

Mientras tanto, ejercito el esperar.