> Diario de Abish

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viernes, 27 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 7)


Mi séptimo día de ayuno de las redes sociales me encontró en el Templo. ¿Qué mejor lugar para desconectar de las preocupaciones del mundo que este lugar sagrado, literalmente, la Casa del Señor?


La adoración regular en el templo nos ayudará. En la Casa del Señor nos centramos en Jesucristo, aprendemos de Él, hacemos convenios de seguirlo, llegamos a conocerlo. Al guardar nuestros convenios del templo, obtenemos mayor acceso al poder fortalecedor del Señor. En el templo recibimos protección contra los embates del mundo. ¡Experimentamos el amor puro de Jesucristo y de nuestro Padre Celestial en gran abundancia! Sentimos paz y seguridad espiritual, en contraste con la turbulencia del mundo.

Esta es mi promesa para ustedes: todo aquel que busque con sinceridad a Jesucristo lo hallará en el templo. Sentirán Su misericordia, encontrarán respuestas a sus preguntas más inquietantes y comprenderán mejor el gozo de Su Evangelio. (El Señor vendrá de nuevo)

 

Ahí adentro, puedo sentirme, en cierto sentido, como la mujer samaritana, quién había ido a buscar agua al pozo de Jacob para saciar su sed física y lo que recibió, en cambio, fue la promesa de un agua con la que no tendría sed jamás ya que sería en ella "una fuente de agua que brote para vida eterna" (Juan 4: 6-29)

Casi terminando el año, volví a casa con un compromiso mayor de hacer todo lo que esté a mi alcance para lograr que uno de los más profundos anhelos de mi corazón se pueda concretar en el 2025.



jueves, 26 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 6)

Hoy tuve que hacer un esfuerzo extra porque la distracción casi me gana la partida. Si bien eliminé Facebook e Instagram aún queda Youtube. Anoche, al irme a acostar me puse a ver videos de una telenovela que me gustó mucho en su momento y a la que, de vez en cuando, me gusta regresar. El tema es que, cuando terminó el capítulo, puse otro y, luego otro y otro... ¿El resultado? Esta mañana no me podía levantar y desaproveché la oportunidad de hacer algo importante que ya tenía programado.

Esto me hizo reflexionar en las sutiles, casi imperceptibles tácticas que utiliza Satanás para impedir que cumplamos con nuestras metas celestiales. Obviamente, no voy a echarle la culpa de todo,  ya que la máxima responsabilidad de elegir entre  "la libertad y la cautividad" (2 Nefi 2: 27) recae en mí.

Pese a sentirme, un poco, en falta, decidí no auto compadecerme y sí buscar claridad en mi estudio personal de las escrituras.  La lectura de Ven Sígueme restauró mi buen ánimo:


Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con todo vuestro poder, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios. (Moroni 10: 32)

 

Me fortalecieron, también,  las palabras del elder Gavarret, quien mencionó que aún cuando sentimos que no tenemos nada para darle al Salvador,  nuestro corazón (convertido) le es aceptable.

En mi esfuerzo por perfeccionarme en Cristo, con experiencia "fallida" incluida, aprendí/recordé que evitar todo el tiempo lo que comparten en las redes sociales es una tarea casi titánica. En estos días, hubo mensajes espirituales que, quizás, quise compartir en  Instagram y Facebook pero me abstuve para mantener en pie mi meta. Me concentré, entonces, en las (buenas) maneras de usar las redes sociales para que no resulten perjudiciales.

Con esto en mente, encontré el mensaje que el élder Bednar ofreció en 2014 durante la Semana de la Educación en el campus de la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah, en cuanto a “[inundar] la tierra [como con un diluvio] con mensajes llenos de rectitud y de verdad". En esta transmisión, que dura, aproximadamente 42 minutos, se puede encontrar cómo quiere el Señor que usemos la tecnología. Agradecida estoy a mi Padre Celestial por mostrarme, otra vez, la manera en que debo utilizar mi tiempo y energías para la edificación de Su reino.




miércoles, 25 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 5)


¿Qué mejor oportunidad para ver el devocional de navidad de la Primera Presidencia que el día de Navidad mismo? Aunque fue transmitido el 8 de diciembre yo lo veo recién ahora. Parece que voy atrasada en todo, ¿no?😂

El mensaje de la hermana Tamara W. Runia, sin desmerecer  a los otros tres, es el que más me gustó (quizás porque estoy en una etapa de mi vida en la que necesito escuchar esas palabras) y, por eso, transcribo algunas ideas principales, a continuación:


"Es posible que en algún momento nos hayamos sentido como un corderito errante o, incluso, una oveja perdida. Todos somos corderos heridos que necesitan al buen pastor quién nos mecerá en los brazos de su amor. 
Ser mortales significa que hay cosas en nosotros que están rotas y necesitan ser reparadas y creo que el momento de la Santa Cena en que más siento que necesito de un Redentor es el domingo durante la Santa Cena. Llevo mi corazón quebrantado y reflexiono en las palabras y en los emblemas durante ese momento de renovación espiritual pero en ocasiones me desanimo cuando, al pensar en la semana que pasó, me doy cuenta de que son los mismos pecados y las mismas debilidades en las que pensé el domingo anterior. Y me siento verdaderamente abatida. ¿les resulta familiar? 
Hoy los invito a probar algo nuevo. En esos minutos sagrados de la Santa Cena, si se sienten abatidos, imaginen que él los llama por su nombre y vayan a él. Imaginen a su Salvador con sus brazos extendidos, diciendo: "Sabía que te sentirías así, por eso vine a la Tierra y sufrí lo que sufrí" 
(...) 
Recuerden que participamos de la Santa Cena del Señor para ser sanados y para sentirnos limpios. 
(...) 
Si nos esforzamos por guardar nuestros convenios con Dios al regresar, dar un informe y arrepentirnos podemos ser limpios cada día y mediante la ordenanza de la Santa Cena podemos sentirnos tan limpios como el día en que fuimos bautizados.

Para mí el domingo se ha convertido en un día de descanso, no solo un descanso físico sino un descanso de la culpa y del miedo, de mis insuficiencias y de mis debilidades, al menos, por un día. 
(...) 
En el libro de mormón, cuando El Salvador resucitado visita a Sus otras ovejas en las Américas, al percibir la necesidad de ellas y sin que siquiera se lo pidan él, invita a todos los que están físicamente quebrantados, los cojos, los ciegos, los sordos y quienes padecen cualquier aflicción a que se acerquen. imagino a esas personas en fila, cuya necesidad física de sanación era evidente. Pero, en mi mente, también veo en esa fila a personas como yo, que están afligidos de maneras que. tal vez, no sean visibles al ojo humano. Él llamó a quienes padecen cualquier aflicción y los sanó a todos. 
(...) 
(T)al vez se sienten quebrados o no están seguros si recibirán sanación de él pero ¿es cierto eso? Cada domingo, durante la Santa Cena, Él los levanta, los envuelve en los pliegues de su manto y los mece en sus generosos brazos."


El devocional completo:




Otra razón por la cual esta Navidad fue distinta y especial se debió a que vinieron los elderes a almorzar. Al irse, nos dejaron este pensamiento espiritual:




martes, 24 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 4)




Continuando con mis proyectos de lectura, hoy fue el turno del Antiguo Testamento y a Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith. Este último es una serie de libros que buscan que los miembros de la Iglesia profundicen su comprensión de las doctrinas del Evangelio y se acerquen más a Jesucristo por medio de las enseñanzas de los profetas de esta dispensación.

Al Antiguo Testamento lo empecé el 1 de enero de este año. Hasta le dediqué un post de Instagram. El propósito es leerlo completo para encontrar referencias a Jesucristo y comprobar, a qué nivel, es un testigo del Salvador. Más allá de que ya lo sepa, es un ejercicio que hará crecer más, lo sé, mi amor por este tomo de Escrituras.

Mi interés por las enseñanzas de Joseph F. Smith nació gracias a esta publicación.  Él fue el sexto presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sus mensajes y sermones, aún hoy,  siguen brindando orientación divina en nuestro camino de progreso eterno. 

Lamentablemente, por distintos motivos, voy bastante atrasada con ambos proyectos. En la Biblioteca del Evangelio había programado planes de lectura para leer cierta cantidad de páginas o capítulos dentro de un determinado lapso de tiempo. Al principio funcionó pero, con el correr de los días, esos capítulos o paginas se fueron acumulando y ya, después, leía para cumplir, como si se tratase de una carrera, en vez de disfrutar del proceso. Decidí, entonces, eliminar los recordatorios e ir a mi propio ritmo. Fue la alternativa que encontré para evitar abandonar la lectura del Antiguo Testamento, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia e Hijas en Mi Reino (otro de mis proyectos).  De hacerlo, me habría privado, por ejemplo, de las siguientes declaraciones del presidente Joseph F. Smith: 

“Se me enseñó a creer en la divinidad de la misión de Jesucristo... Lo aprendí de mi padre, del profeta José Smith, de labios de mi madre… y todos los días de mi niñez y a lo largo de toda mi vida, me he apegado a esa creencia”.

 

“De niño, conocí al profeta José Smith. Siendo un niño, lo escuché predicar el Evangelio que Dios le había encomendado a su cargo y cuidado. De niño, sentía la misma familiaridad en su casa, con su familia, que la que sentía bajo el techo de mi propio padre. He conservado el testimonio del Espíritu que se me inculcó de niño y que recibí de mi santa madre, la firme creencia de que José Smith era un profeta de Dios, de que era inspirado como ningún otro hombre de su generación, ni de siglos antes, pudo ser inspirado, de que había sido escogido por Dios para establecer el fundamento del reino de Dios”

 

“Creo en el principio del arrepentimiento, porque lo he puesto a prueba y sé que es bueno. Si en un momento funesto he dicho o hecho cosa alguna que haya agraviado a alguno de mis hermanos, nunca me he sentido tranquilo ni libre de un cierto grado de esclavitud sino hasta después de haber ido a ese hermano al que había ofendido, de haberme arrepentido de mi pecado y de haber arreglado las cosas con él. Entonces se levantaba el peso de la carga y de inmediato experimentaba el efecto benéfico del arrepentimiento del pecado”

 

“Nuestros corazones todavía se encuentran agobiados por la tristeza [como si estuviesen] en la tierra donde los restos de nuestra dulce niña y los de sus hermanitos y hermanitas reposan en el polvo… Pero haremos lo mejor que podamos, con la ayuda del Señor, puesto que sabemos que nuestros tesoros que duermen están a Su santo cuidado y pronto despertarán del polvo a la inmortalidad y la vida eterna. Pero si no fuese por la valiosa certeza y la gloriosa esperanza que tenemos en el Evangelio de Cristo, ¡la vida no valdría la pena vivirse, sino que sería una infausta y perniciosa farsa! Pero, ¡ah!, ‘¡Gozoso canto con fervor: Yo sé que vive mi Señor! Gracias a Dios”


lunes, 23 de diciembre de 2024

Desconectar: una necesidad de "raíces" profundas (Día 3)

Últimamente me siento un poco como el rey Benjamin, "sujet[a] a toda clase de enfermedades de cuerpo y mente" (Mosíah 2: 11). Este año fue un tanto movidito y esa es otra razón por la cual alejarme de las redes, estoy segura, pondrá, otra vez, todo en su "eje".

Tengo la tendencia a ser crítica conmigo misma, a culparme por cosas que dije e hice, o que no dije ni hice en su momento, y eso es, la verdad, agotador. Mi bálsamo de Galaad lo encontré a través del discurso del élder Utchdorf que dio mi hijo, ayer, en la reunión sacramental:

 

Es sorprendente lo que podemos aprender cuando miramos un poco más de cerca el plan de salvación y exaltación de nuestro Padre Celestial, el plan de felicidad, para Sus hijos. Cuando nos sentimos insignificantes, desechados y olvidados, aprendemos que podemos estar seguros de que Dios no nos ha olvidado; de hecho, Él ofrece a todos Sus hijos algo inimaginable: llegar a ser “herederos de Dios, y coherederos con Cristo”.
(...)
"Gracias al amor perfecto que Dios tiene por nosotros y al sacrificio eterno de Jesucristo, nuestros pecados —tanto los grandes como los pequeños— pueden ser borrados y no recordarse más. Podemos presentarnos ante Él puros, dignos y santificados. 
(...)
La expiación infinita del Salvador cambia por completo la forma en que podríamos ver nuestras transgresiones e imperfecciones. En lugar de insistir en ellas y sentirnos irredimibles o sin esperanzas, podemos aprender de ellas y sentirnos esperanzados. El don purificador del arrepentimiento nos permite dejar atrás nuestros pecados y emerger como una nueva criatura.
Gracias a Jesucristo, nuestros fracasos no tienen por qué definirnos; pueden refinarnos.
Al igual que un músico que ensaya escalas, podemos ver nuestros errores, defectos y pecados como oportunidades para obtener un mayor conocimiento de nosotros mismos, un amor más profundo y honesto por los demás, y un refinamiento a través del arrepentimiento.
Si nos arrepentimos, los errores no nos descalifican; ellos forman parte de nuestro progreso.
Todos somos niños en comparación con los seres de gloria y grandeza que estamos destinados a llegar a ser. Ningún ser mortal pasa de gatear a caminar y a correr sin tropiezos, golpes y magulladuras frecuentes; así es como aprendemos.
Si seguimos practicando diligentemente, esforzándonos siempre por guardar los mandamientos de Dios y comprometiendo nuestros esfuerzos en arrepentirnos, perseverar y poner en práctica lo que aprendemos, línea por línea, recogeremos luz en nuestra alma. Y aunque tal vez ahora no comprendamos del todo nuestro potencial, “sabemos que cuando [el Salvador] aparezca” veremos Su semblante en nosotros y “le veremos tal como él es”.

Por la tarde, ya en casa, tuve la oportunidad de leer artículos de la edición física de la revista Liahona, relacionados con la ministración y con la influencia que las mujeres santos de los últimos días pueden ejercer en su esfera de acción. Ambos artículos me recordaron en qué cosas debo centrar mi atención y esfuerzos.




Como en todas las cosas buenas, Jesucristo es nuestro ejemplo perfecto. El Salvador nos guiará en nuestros esfuerzos cuando dejemos nuestro hogar —y abandonemos nuestra postura cómoda— para ministrar a quienes nos rodean como Él lo haría. Entonces, nuestra ministración llegará a ser más significativa que cualquier cosa que pudiéramos decir o hacer por nuestra cuenta. (Seguimos al Maestro de la ministración)


El presidente Russell M. Nelson enseñó que “las mujeres han sido bendecidas con una brújula moral singular” y tienen “dones y predisposiciones espirituales especiales” para percibir las necesidades humanas, consolar, enseñar y fortalecer. Nuestras comunidades dependen de que las mujeres desempeñen sus funciones singulares como líderes, maestras, cuidadoras, sanadoras y pacificadoras.
Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla. Las mareas y estaciones de nuestra biología y la universalidad de la forma en que gestamos y nutrimos a la humanidad nos conectan de manera tácita a través de las brechas culturales y las barreras lingüísticas.
(...)
¿La vida de quién pueden mejorar significativamente hoy con un acto de compasión? Les insto a que hagan una pausa por un momento y se conecten con nuestro Padre Celestial, la fuente más elevada de inspiración, y luego esperen en silencio la guía del Espíritu Santo. Les invito a que la escriban y la lleven a cabo. Espero que este sencillo ejercicio les ayude a reconocer que nuestro mayor éxito consistirá en desatar el poder de nuestra hermandad mundial. (Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla)