> Diario de Abish: noviembre 2024

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domingo, 17 de noviembre de 2024

En días no tan "buenos"...

Hoy fue un día en el que me costó tener buen ánimo. Pese a mis esfuerzos por mantenerme positiva, antes de ir a la Iglesia, me enojé por algo que, me di cuenta después, no era tan importante. Fui a la capilla buscando respuestas y sanación. La mano y la voz del Señor se manifestaron a través de los discursos de la reunión sacramental y la clase de Escuela Dominical.

Desde el púlpito dos discursantes compartieron exactamente lo que necesitaba escuchar.

Del primer discurso extraje los siguientes fragmentos:

"Quizás a veces no se sientan como una espiga de trigo fuerte y madura. Sean pacientes con ustedes mismos. El Señor dijo que el trigo incluirá tiernas hierbas que brotan. Todos somos Sus Santos de los Últimos Días y, aunque todavía no somos todo lo que queremos ser, somos serios en nuestro deseo de ser Sus verdaderos discípulos."

 

"Sumérjanse en la vida de Jesús Primero, podemos sumergirnos más completamente en la vida de Jesús, en Sus enseñanzas, Su majestuosidad, Su poder y Su sacrificio expiatorio. El Salvador dijo: “Mirad hacia mí en todo pensamiento”. El apóstol Juan nos recuerda: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. A medida que experimentamos mejor Su amor, lo amamos todavía más y, de manera muy natural, seguimos mejor Su ejemplo de amar y cuidar a quienes tenemos a nuestro alrededor. Con cada movimiento en rectitud que hacemos hacia Él, lo vemos con más claridad. Lo adoramos y tratamos de imitarlo de maneras sencillas."

 

"Al entrar en el templo, nos liberamos por un tiempo de las influencias mundanas que se ciernen sobre nosotros mientras aprendemos acerca de nuestro propósito en la vida y los dones eternos que se nos ofrecen por medio de nuestro Salvador, Jesucristo."


"No es fácil renunciar a las prioridades y a los deseos personales. Hace muchos años, un misionero recién llegado a Inglaterra se sentía frustrado y desanimado. Escribió a casa para decir que sentía que estaba perdiendo el tiempo. Su sabio padre le respondió: “Olvídate de ti mismo y ponte a trabajar”. El joven élder Gordon B. Hinckley se arrodilló e hizo convenio con el Señor de que intentaría olvidarse de sí mismo y que se consagraría al servicio al Señor. Años más tarde, siendo ya un siervo maduro del Señor, el élder Hinckley diría: “Aquél que sólo se preocupa de sí mismo se marchita y muere, mientras que el que se olvida de sí en el servicio a los demás progresa y florece en esta vida como en la eternidad”.

"Todo esto ilustra el principio eterno de que somos más felices y nos sentimos más satisfechos cuando actuamos y servimos por lo que damos, y no por lo que recibimos."

En la escuela dominical se habló de cómo el Señor preparó a los jareditas para que atravesaran el océano y los protegió en su viaje, a pesar de lo difícil de la travesía.

"Y ocurrió que el Señor Dios hizo que soplara un viento furioso sobre la superficie de las aguas, hacia la tierra prometida; y así fueron echados de un lado a otro por el viento sobre las olas del mar. Y aconteció que muchas veces fueron sepultados en las profundidades del mar, a causa de las gigantescas olas que rompían sobre ellos, y también por las grandes y terribles tempestades causadas por la fuerza del viento. Y sucedía que, cuando eran sepultados en el abismo, no había agua que los dañara, pues sus barcos estaban ajustados como un vaso, y también estaban ajustados como el arca de Noé; por tanto, cuando los envolvían las muchas aguas, imploraban al Señor, y él los sacaba otra vez a la superficie de las aguas. Y ocurrió que el viento no dejó de soplar hacia la tierra prometida mientras estuvieron sobre las aguas; y de este modo fueron impelidos ante el viento." (Eter 6: 5-8)


De esto:

Jaredite Barges [Los barcos jareditas], por Gary Ernest Smith

Pasaron a esto, por su confianza en el Señor:

I Will Bring You Up Again out of the Depths [Yo os sacaré otra vez de las profundidades], por Jonathan Arthur Clarke


Por todas estas cosas, mi domingo, que había empezado no tan "bueno",  terminó siendo dedicado a la humildad y a la reflexión.


sábado, 16 de noviembre de 2024

Mientras tanto...


Cada cosa que me pasa en la vida,

cada cosa que no sucede,

que se dilata,

cada expectativa incumplida

es la voz de Dios, siento, diciéndome:

"Espera, hija mía.

Escucha, entiende, aprende;

no dudes, confía.

Conozco tus temores,

tu ansiosa inquietud,

tus fluctuantes emociones.

¿Los cielos parecen mudos, indiferentes?

¿La espera demasiado larga?

¿Las promesas, distantes?

No desesperes.

No retengo las bendiciones; son tuyas.

Cree solamente."



Este poema nació a modo de agradecimiento por una respuesta divina que, después de varios días, llegó.

La paciencia, según se puede leer en Predicad mi Evangelio, es la capacidad de confiar en Dios al enfrentar demoras, oposición o sufrimiento e implica aceptar con valor, gracia y fe aquello que no se puede cambiar. No se trata, claro está, de una espera pasiva, de sobrellevar las cosas con resignación sino de hacer cuanto esté a nuestro alcance mientras las respuestas y bendiciones llegan.   Es, a la vez, un atributo de Jesucristo pero no exclusivo de Él. Nosotros, como Sus discípulos, también podemos aspirar a esa virtud celestial.

A la mujer natural que todavía habita en mí le cuesta entender ciertas cosas, le cuesta esperar, calmar la "ansiosa inquietud" (Lucas 12: 29) que la domina a veces. Pero, como desarrollar la paciencia es un proceso que puede durar toda la vida, confío en los tiempos del Señor. Pase lo que pase, aunque mis expectativas no se cumplan (Suelo recrear en mi mente un escenario que no se concreta al final), estoy convencida de que mi Padre Celestial sabe lo que es mejor en cada circunstancia de mi vida y las respuestas, las bendiciones llegan cuando tienen que llegar y no antes ni después.

Mientras tanto, ejercito el esperar.


lunes, 11 de noviembre de 2024

Paralelismos entre Jesucristo y El Libro de Mormón: mi propia versión

    Foto de Bailey Burton en Unsplash

 

Ya he dicho que, a veces, mi estudio del Ven, Sígueme va a destiempo. Hoy leí parte de lo que correspondía a a la semana pasada y, en algunos versículos de Mormón 7-9, pude encontrar verdades que me ayudaron a entender, de una forma más plena, lo valioso que es, en la actualidad, el Libro de Mormón. Pero hubo algo más: pude establecer paralelismos entre aquel y la vida misma de Jesucristo. No es algo que no se haya hecho antes (De hecho, busqué y encontré este post) pero para mí fue un ejercicio revelador que me hizo atesorar, aún más, este volumen de escrituras.

¿Cuáles son esas verdades y cuál es la similitud entre uno y otro? He aquí, mis apuntes (Entre paréntesis, según mi parecer, los puntos de conexión):

El Libro de Mormón es valioso porque:

Contiene el evangelio de Cristo, o sea Sus enseñanzas, Sus propias palabras.
"Por tanto, arrepentíos y sed bautizados en el nombre de Jesús, y asíos al evangelio de Cristo, que no solo en estos anales os será presentado, sino también en los anales que llegarán de los judíos a los gentiles, anales que vendrán de los gentiles a vosotros. Porque he aquí, se escriben estos con el fin de que creáis en aquellos; y si creéis en aquellos, también creeréis en estos; y si creéis en estos, sabréis concerniente a vuestros padres, y también las obras maravillosas que se efectuaron entre ellos por el poder de Dios." (Mormón 7: 8-9)

 

Es un segundo testigo de Cristo (así como Jesucristo es Testigo del Padre)
"Y el ángel me habló, diciendo: Estos últimos anales que has visto entre los gentiles, establecerán la verdad de los primeros, los cuales son los de los doce apóstoles del Cordero, y darán a conocer las cosas claras y preciosas que se les han quitado, y manifestarán a todas las familias, lenguas y pueblos que el Cordero de Dios es el Hijo del Eterno Padre, y es el Salvador del mundo; y que es necesario que todos los hombres vengan a él, o no serán salvos." (1 Nefi 13: 40)

 

"Respondió entonces Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, esto también lo hace el Hijo de igual manera. (...) No puedo yo hacer nada por mí mismo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió.(...) Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que las cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado." (Juan 5: 19; 30, 36)

Complementa a la Biblia y testifica de su veracidad (el Salvador mismo testificó de las palabras de Isaías, por ejemplo)
"Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano." (Ezequiel 37: 16-17)

 

"Y el ángel me habló, diciendo: Estos últimos anales que has visto entre los gentiles, establecerán la verdad de los primeros, los cuales son los de los doce apóstoles del Cordero, y darán a conocer las cosas claras y preciosas que se les han quitado..." (1 Nefi 13: 40)

 

"Y he aquí, ahora os digo que debéis escudriñar estas cosas. Sí, un mandamiento os doy de que escudriñéis estas cosas diligentemente, porque grandes son las palabras de Isaías. Pues él ciertamente habló en lo que respecta a todas las cosas concernientes a mi pueblo que es de la casa de Israel; por tanto, es menester que él hable también a los gentiles." (3 Nefi 23: 1-2)

 

Trae conocimiento de quiénes somos.
"[S]í, os hablo a vosotros, un resto de la casa de Israel..." (Mormón 7: 1)

Fue dado a conocer por el poder de Dios; por lo tanto, no sufrió modificaciones por parte del hombre, ya que estaba en un idioma que ningún hombre podría interpretar o traducir, salvo que le fuera inspirado por el mismo Dios.
"Y he aquí, hemos escrito estos anales según nuestro conocimiento, en los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado; y los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar. (...) Pero el Señor sabe las cosas que hemos escrito, y también que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua; y por motivo de que ningún otro pueblo conoce nuestra lengua, por lo tanto, él ha preparado los medios para su interpretación." (Mormón 9: 32, 34)


Da a conocer sobre los convenios que, en la antigüedad, se hicieron con Él.
"Y sabréis también que sois un resto de la descendencia de Jacob; por tanto, sois contados entre los del pueblo del primer convenio; y si es que creéis en Cristo, y sois bautizados, primero en el agua, y después con fuego y con el Espíritu Santo, siguiendo el ejemplo de nuestro Salvador..." (Mormón 7: 10)

Junto a la Biblia revela las falsas doctrinas (Jesucristo vino a aclarar muchos puntos de Su doctrina).
"Y también os hablo a vosotros que negáis las revelaciones de Dios y decís que ya han cesado, que no hay revelaciones, ni profecías, ni dones, ni sanidades, ni hablar en lenguas, ni la interpretación de lenguas. He aquí, os digo que aquel que niega estas cosas no conoce el evangelio de Cristo; sí, no ha leído las Escrituras; y si las ha leído, no las comprende. Pues, ¿no leemos que Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre, y que en él no hay variación ni sombra de cambio?" (Mormón 9: 7-9)

 

"Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este de letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mí mismo. El que habla por sí mismo su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia." (Juan 7: 15-18)

Establece la paz (Cristo brinda paz).
"Por lo tanto, el fruto de tus lomos escribirá, y el fruto de los lomos de Judá escribirá; y lo que escriba el fruto de tus lomos, y también lo que escriba el fruto de los lomos de Judá, crecerán juntamente para confundir las falsas doctrinas, y poner fin a las contenciones, y establecer la paz entre los del fruto de tus lomos, y llevarlos al conocimiento de sus padres en los postreros días, y también al conocimiento de mis convenios, dice el Señor." (2 Nefi 3: 12)

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo." (Juan 14: 27)

Enseña sobra la vida que tendrán aquellos que siguen a Jesucristo (Jesucristo mismo declaró que Él era la vida).
"Y él ha efectuado la redención del mundo, por lo cual a aquel que en el día del juicio sea hallado sin culpa ante él, le será concedido morar en la presencia de Dios, en su reino, para cantar alabanzas eternas con los coros celestes, al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que son un Dios, en un estado de felicidad que no tiene fin. (Mormón 7: 7)

 

"[Y]o he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."  (Juan 10: 10)

 

"Jesús le dijo: Yo soy... la vida"  (Juan 14: 6)


Ya perdí la cuenta de cuántas veces escribí sobre el Libro de Mormón o cité sus palabras pero lo maravilloso es que siempre me tiene reservada alguna (grata) "sorpresa". Su valor es incalculable, más que cualquier rubí o diamante; su fuente de conocimiento y revelación (así como las palabras de la Liahona, que cambiaban de cuando en cuando, según la fe, atención y diligencia que mostraban los que la poseían), inagotable. 


viernes, 1 de noviembre de 2024

Mensajes inspirados una primaveral mañana de noviembre



El domingo pasado tuve el privilegio y la bendición de ver y escuchar discursar a mi hijo menor. Mientras él hablaba, en cierto sentido, dejé de ser su madre. Tenía ante mí a un Hijo de Dios, un joven que va creciendo "en sabiduría, en estatura y en gracia" (Lucas 2: 52) y que honra el sacerdocio que le fue conferido. Sus palabras respondían a la pregunta "¿Cómo ser felices?", uno de los grandes interrogantes de la vida.

En consonancia con su discurso, una hermana compartió en el púlpito algunas maneras para experimentar "un gozo más elevado", que se deriva de hacer y guardar convenios .

Minutos más tarde, en la clase de Sociedad de Socorro, compartíamos impresiones y experiencias de cómo los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días podemos encontrar  paz interior y gozo duradero, a pesar de las vicisitudes de la vida, gracias "a nuestra esperanza en Cristo y a que comprendemos nuestro lugar en el hermoso plan de felicidad" (Discurso completo acá)

No es la primera vez que se da esta "coincidencia". Para que se entienda: los líderes que asignan discursos en la sacramental y en las clases de cada organización, lo hacen por inspiración. O sea, que en los mensajes se refleja la voluntad del Señor, lo que Él quiere que sepamos/recordemos.
"Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios." (Artículo de Fe 9)

La revelación no es exclusiva de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (de hecho ningún mandamiento que da el Señor lo es) sino que está al alcance de todo aquel que la "busc[a] diligentemente". (Doctrina y Convenios 88: 63). El modelo es simple↷↷↷↷↷↷


Los cielos siguen abiertos, tanto para revelar cuestiones que beneficiarán a todo el género humano (Conferencia General) como para guiar a humildes siervos del Señor a dar mensajes en la capilla una primaveral mañana de noviembre.